Entender a quien nos cuida

Conocemos nuestra enfermedad, pero ¿Somos conscientes de cómo la viven desde fuera las persona que nos cuidan?

Yo, particularmente, en los últimos años he sufrido algunas crisis debido a mi trastorno bipolar. Me suele ocurrir en otoño, cuando llega el frío, el día se acorta y se deshojan algunos árboles.

Estas crisis, han recogido distintos estados de ánimo, desde depresiones profundas hasta eufóricas euforias, valga la redundancia.

Fluctuar en una misma crisis entre estados tan opuestos se designa como «fase mixta». Durante esta fase, que puede ser más o menos larga (según el ambiente en el que nos encontremos, la tolerancia a la medicación y otros posibles factores, como por ejemplo problemas biográficos) coexisten estados de manía muy opuestos, como ya he dicho anteriormente.

Se dice pronto, pero imaginad cómo tiene que vivirlo la persona que nos acompaña día a día.

El pensamiento, el ánimo y la actividad de la persona afectada por el trastorno transitan entre las peculiaridades de la manía (un estado de ánimo anormal, elevado e irritable) y el sentimiento desesperanzado de la depresión.

¿Cómo se traduce esto?

Intentaré describirlo desde mi experiencia, que es haber sufrido pero estando acompañada de muchas personas.

Pongo un ejemplo de cómo puede ser un día sufriendo estos cambios:

En un mismo día, pocas horas, un minuto,… En un margen de tiempo inexacto e insignificante, podemos vivir una emoción cualquiera por un motivo que puede ser dado por algo que ocurre en el presente o incluso por un recuerdo.

Llora, ríe, se enfada, se desmadra, dice lo que piensa, daña con palabras… Es realmente agotadora. Es el egoísmo llevado al límite. En ocasiones tiene ideas de grandiosidad, cree que puede hacer todo lo que se proponga, mientras, en otras, sus ideas la aplastan hasta pedir la muerte. Cambia su forma de ser, su personalidad, porque, al fin y al cabo, nuestra personalidad o carácter es una máscara que no nos deja ver lo que hay en nosotras: subconsciente. Eso creo yo.