Paso a paso

Si hay consciencia, hay inconsciencia. Polos opuestos. Algunas lo representan en forma de iceberg. La consciencia se ve, la inconsciencia no. Debe ocurrir algo parecido a un sunami cuando vivimos un brote psicótico. Una ola gigante deja visible toda la masa de hielo. La parte inconsciente sale a la luz. Vivimos intensamente la experiencia presente que se rige por los recuerdos, necesidades, emociones y pensamientos. Todo parece real, y es que verdaderamente lo es para una misma. Real es lo que sentimos en el momento en el que lo sentimos. Lo que pasa es que acostumbramos a que esa realidad sea coherente con el presente e idéntica para todas las presentes, aunque eso nunca sea así, y por eso, en una situación de brote psicótico (y uso esa palabra porque es la comúnmente establecida para definirlo, pero a mí me gustaría más llamarlo: búsqueda psicótica) juzgamos a la persona que lo vive como enferma, y es que lo está si nos basamos en la cultura y las costumbres del mismo instante. Se pierde el control, se disuelve el tiempo.

¿Sabemos distinguir nuestras emociones? El trastorno bipolar se diagnostica a algunas personas que nos las saben controlar. Algunos estudios dirigen la mirada hacia éstas considerándolas con un coeficiente de inteligencia emocional más bajo que la media. Etiquetan, pero no enseñan. Aniquilan químicamente los síntomas sin prestar atención al origen: las emociones.

¿Cuándo estoy sintiendo una emoción? Siempre es ahora, pero viene dada a través del pensamiento, que viaja entre historia y futuro. El pensamiento proviene del ego. El ego es una parte de cada una que nos trae regalitos en forma de sentimientos profundos, basándose, repito, en el antes o el después. Miedo, culpa, vergüenza, alegría, tristeza, euforia, odio,…

¿Hacia dónde dirigimos nuestra atención?

Las posibilidades son infinitas.

Centrarse en una misma, desde una perspectiva de amor incondicional, nos puede ayudar a ver lo que tenemos delante en cada instante. Desde mi experiencia he de decir que para sanar, primero hemos tenido que enfermar. No hay luz sin oscuridad. El cuidado es básico. El agradecimiento constante.