Vivir en salud

Hoy en día el concepto del binomio salud/enfermedad es un tema debatido y abordado desde diferentes ópticas. ¿Cómo podemos acercarnos a la salud mental para entenderla y vivirla positivamente?

No hay dos iguales. No se pueden sumar peras con manzanas, como tampoco entender el concepto de unidad sin respetar la diversidad. El primer paso es creer en nosotras mismas, llegar al auto-conocimiento, no dudar de nuestros pasos, ser firmes pero flexibles.
¿Nos respetamos?
Haciéndolo es como podemos entender nuestras diferencias: comprender que tu ahora es distinto al mío y que todo cambia constantemente.
Nos encontramos bajo los patrones de las mismas leyes físicas, pero no es necesario entenderlas para entendernos. El exterior es superfluo, no tiene peso, sólo gravedad.
¿Cómo nos entendemos?
Somos seres iguales regidos por las mismas leyes de la naturaleza, diferentes en nuestras percepciones.
Tú y yo sentimos lo que percibimos de manera distinta. Es decir, sobre una misma cosa tendremos percepciones y sentimientos distintos y sólo podemos hacernos una idea, una impresión, de lo que la otra persona sienta o piense hasta que lo comuniquemos.
Aprender a comunicarnos es el primer paso para respetarnos y vivir en salud, y existen infinitas formas y maneras de hacerlo.
¿Respetamos a todas las personas con sus diferencias?
Para vivir en salud es necesario que nos entendamos y comprendamos conociendo nuestras historias, que nada tienen que ver con la historia clínica que se haya en los hospitales.
Desde la perspectiva como usuaria experimentada en salud mental, he de decir que en las últimas plantas de los hospitales el respeto queda muy lejos de ser el respeto.
Nuestra historia clínica no habla de traumas, sólo de traumatismos, y nadie sabe de nuestras vidas como para callarnos a base de medicamentos y contenciones. Eso sigue pasando, ¡sí! ¡Nos contienen! ¡Nos atan de pies y manos! ¡Nos crucifican! Y eso sí que es un auténtico calvario…
Nadie, sin la experiencia, sabe algo sobre nuestras vidas pero se lanzan a drogarte para paliar unos síntomas sobre los que no tienen ninguna idea, pues esa idea viene del saber, del conocer y respetar.
Etiquetas, códigos de barras y tratamientos farmacológicos son el remedio para aquellas personas que dejan de ver la realidad como la ven muchas otras. Pues va a ser verdad, entonces, que puede ser peor el remedio que la enfermedad…
Nuestro nacimiento, el primer llanto, el crecimiento, la adolescencia, la familia, las amistades, amores y desamores, las pérdidas, los logros y los aprendizajes… ¿No influye esto en nuestra historia?
Sufro mucha rabia, mucho despecho, cuando pienso en todo el daño que reciben aquellas personas que sufren las condiciones de este sistema desmoralizado de la salud mental en occidente.
No hay razón para materializar de esa manera a las personas. ¡Nuestra historia clínica no nos identifica! El sufrimiento mental no se ve a simple vista, no se explica con pocas palabras. Las emociones profundas se canalizan de muchas maneras, pero en ningún momento se enseña que todas son válidas, que se debe respetar la libertad de expresión y que el tiempo es sólo una ilusión y cada persona lo vive de una manera.

APRENDER A EDUCAR, VIVIR CONSCIENTEMENTE Y LUCHAR POR LA LIBERTAD

Gritar callando