Vuelta a la calma

Desde el cansancio que me proporcionan los psicofármacos quiero tranquilizarme y darme ánimos. Ya he pasado por aquí otras veces y sé que esto es una señal de que todo vuelve a la «normalidad».

Mi organismo se ajusta a una vida tranquila, sin tanto ajetreo.

He estado las dos últimas semanas yendo al máximo de mis posibilidades, ocupando todo mi tiempo, echando humo sin llegar a olerlo, escribiendo, escuchando música, analizando letras, relacionándolo todo con el todo y dándole un sentido a la vida que va más allá de lo real.

La energía desciende y es de agradecer. Ahora puedo mirar atrás para darme cuenta de qué me ha pasado. Estoy en ello, sigo escribiendo. Me hace feliz poder compartir esta situación con el mundo y, sobre todo, con aquellas personas que puedan sentirse identificadas.

La vuelta a la calma no es cosa fácil…

Levantarse una mañana sin la energía que te ha estado caracterizando durante mucho tiempo puede hacerse duro. Menos risas, menos agilidad mental, menos verborrea… Al principio puede parecer todo negativo pero hay que entender que un cerebro sano no puede aguantar ese ritmo mucho tiempo.

Siempre me estoy conociendo.